Todo usuario de GNU/Linux que necesite ejecutar una aplicación Windows ha oído hablar de Wine. Este programa de código abierto mejora día a día en compatibilidad y rendimiento, dándonos una vía de escape a los que nos resistimos a instalar Windows en nuestro ordenador.
Sin embargo, al instalar por primera vez una aplicación con Wine, vemos como su aspecto nos recuerda a las viejas versiones de Windows.

Esto tiene solución, y muy sencilla. Sólo tenemos que ir a la ventana de configuración de Wine y elegir la pestaña “Integración de escritorio”. Desde esta ventana podremos instalar los temas propios de Windows (puedes encontrar decenas de ellos aquí).

De esta forma, tener aplicaciones como Ares, Dreamweaver y Photoshop funcionando en GNU/Linux y no deprimirnos por su aspecto es algo de lo que podremos olvidarnos.

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A lo largo de estos años, Wine ha ayudado a millones de usuarios a pasarse definitivamente a un sistema GNU/Linux y dejar atrás los pantallazos azules y la inestabilidad de los sistemas Windows, que ven como, hoy día, su sistema operativo pierde cada vez más usuarios.



