Mejorar el rendimiento de nuestro sistema operativo sin tocar nada del hardware es el Santo Grial del usuario medio. Existen muchos métodos para rasgar unos milisegundos a la hora de arrancar o cerrar Windows realizando determinadas acciones, ya sea evitando que determinados programas o servicios se carguen, eliminando drivers y funcionalidades que no utilizamos o modificando algunos aspectos del registro para acelerar determinadas comprobaciones del sistema.

Acelerando el arranque

Si escribimos msconfig en ‘Ejecutar’ (Tecla Windows + R) y accedemos a la pestaña ‘Inicio de Windows’ (En Windows 8 nos llevará al administrador de tareas), veremos un listado con todos los programas que se cargan al iniciar Windows. Haciendo clic derecho sobre cada uno de ellos podremos habilitarlos o deshabilitarlos, aunque hay que ser precavido a la hora de quitarlos todos del arranque.

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La mejor forma de comprobar la funcionalidad de cada uno de los programas es buscándolo en nuestro sistema o recurriendo a Google. Todo lo que huela a Intel, AMD, ATI o cualquier otro fabricante que coincida con las especificaciones de nuestro equipo posiblemente sea fundamental para el buen rendimiento del sistema. Igualmente, otros ‘clásicos’ del arranque como el software de actualización de Adobe o arranques automáticos de cosas como Spotify, Hamachi o Daemon Tools son totalmente prescindibles. La moraleja del asunto es que cuantos menos programas cargados al inicio, mejor.

Insistimos, ante la duda, documentación, aunque tampoco nos alarmemos, ya que no va a explotar nuestro equipo en caso de desactivar alguna funcionalidad importante, simplemente volvemos y la re-activamos. Y sí, CCleaner también permite realizar este tipo de cambios.

Hasta aquí hemos optimizado la lista de programas que se inician, ahora vamos a por los servicios, que no son más que programas que ofrecen una serie de funcionalidades al sistema operativo y que quedan funcionando en segundo plano mientras utilizamos nuestro equipo. Para verlos, lo más rápido es ‘Ejecutar’ (Tecla Windows + R) y escribir ‘services.msc’.

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En este caso, además poder activarlas o desactivarlas, podemos especificar la forma en la que se ejecutarán. Haciendo clic derecho sobre una de ellas y accediendo a la opción ‘Propiedades’, en el desplegable ‘Tipo de inicio’ podremos marcar cualquiera de estos estados:

  • Deshabilitado: El servicio no se cargará nunca.
  • Manual: El servicio no se cargará al arrancar Windows, sino cuando una acción externa lo requiera.
  • Automático: El servicio se arrancará al iniciar el sistema
  • Automático (inicio retrasado): El servicio se arrancará al iniciar el sistema pero no de forma inmediata, sino que dará prioridad a otros elementos del arranque más importante y se ejecutará cuando la carga de trabajo del procesador disminuya.

Los servicios listados pueden contarse por decenas, y aunque en muchos casos es cuestión de sentido común (¡para qué vamos a cargar los drivers de la impresora si no tenemos una!), en otros casos podemos dudar. Para eso existen en la red completos listados que enumeran la importancia de cada servicio de forma individual.

El tercer lugar en discordia que visitar es el Administrador de dispositivos (‘devmgmt.msc’ en ‘Ejecutar’), donde podremos administrar los componentes de hardware conectados al equipo que también necesitan cargarse durante el proceso de arranque.

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Para comprobar el impacto de los cambios realizados podemos utilizar alguna herramienta que compruebe el tiempo que tarda Windows en realizar un arranque completo, siendo BootRacer una buena alternativa para ello.

Aunque hemos relatado aquí cómo optimizar el proceso de inicio de Windows de forma manual, existen muchas herramientas que automatizan el proceso. Soluto, sin ir más lejos, es una completa suite que evaluará el tiempo de arranque del sistema y nos recomendará qué programas, servicios y elementos de hardware debemos deshabilitar para mejorar el rendimiento.

Acelerando el apagado

Aunque no debería ser así, puede darse el caso de que el cierre de los programas y servicios en ejecución tarde mucho más que el arranque. Windows espera unos segundos en caso de que un programa no responda al intentar cerrarse, pero podemos reducir ese lapso. Para ello, tendremos que acceder al registro de Windows (Tecla Windows + R y escribir ‘regedit’). Ahora tendremos que buscar la clave accediendo a la siguiente carpeta del árbol de directorios:

HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control

Dentro, haremos doble click en la cadena y cambiaremos el valor WaitToKillServiceTimeout de 12000 a 2000, que son los milisegundos de espera, por lo que ahora cerrará las tareas en conflicto a los 2 segundos en vez de a los 12.

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