El modelo Freemium es un importantísimo pilar a la hora de monetizar aplicaciones móviles. Según un reciente informe sobre hábitos de consumo en smartphones, solo el 1.5% de los jugadores de videojuegos «Free-to-Play» realiza compras dentro de la aplicación. Lo llamativo de este dato es el hecho de que la décima parte de esos usuarios supone la mitad de los beneficios totales de dichas aplicaciones.

La importancia de los usuarios «ballena»

Según estos datos, tomados a lo largo del mes de enero de 2014, la mitad de los beneficios generados por videojuegos Freemium provienen de un escueto 0.15% de usuarios. De entre los que realizan compras, un usuario medio gasta unos 6 dólares mensuales distribuidas entre 2 y 3 compras.

Este tipo de aplicaciones basa su éxito en la fidelización masiva de usuarios mediante el juego continuado y perseverante, centrado en la necesitad de jugar periódicamente para ir avanzando en base a sesiones cortas. Ahí están los ejemplos de siempre como Candy Crush Saga, en los que debemos esperar un tiempo determinado para recargar vidas con las que seguir superando niveles. Sin ir más lejos, la mayoría de los juegos más descargados en Uptodown se basan en este modelo.

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Ahora bien, aunque no es «obligatorio» pagar, existen vías para acelerar el avance en el juego, y aunque escasos, existen jugadores a los que no les importa abrir su billetera con tal de ser los mejores en un juego. Esos valiosos jugadores son los llamados ‘ballena’, y a tenor de los datos mencionados anteriormente, resultan ser fundamentales para los desarrolladores.

Juegos gratuitos que no lo son tanto

Cualquier cosa que lleve la coletilla ‘gratis’ es un imán para los usuarios. Un videojuego que podemos instalar y comenzar a jugar sin coste alguno es la mejor forma de presentar un producto a los usuarios. ¿Para qué pagar si puedo disfrutar de algo similar sin hacerlo? El problema viene cuando el Free-to-Play se convierte en Pay-to-Win; es decir, que para poder avanzar en el juego se hace casi obligatorio pasar por caja.

Si unimos a esa suculenta forma de venderse el hecho de que podemos acabar realizando una compra con ‘demasiada’ facilidad por culpa de menús invasivos o banners traicioneros, es normal que la Comisión Europea haya decidido tomar cartas en el asunto para regular la situación ante el imparable aumento de denuncias por aplicaciones fraudulentas y publicidad irreal.

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Como siempre, la mejor forma de no encontrarnos con desagradables sorpresas es comprobando la fiabilidad de los juegos que instalamos en base a los comentarios de los usuarios, y si le dejamos nuestro smartphone a niños, bloquear aquellas aplicaciones a las que no queremos que accedan utilizando algún software como App Lock y proteger con contraseña nuestros datos bancarios asociados a nuestra cuenta de Google.

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