Que la vida se siente más efímera a medida que nos hacemos viejos no es ningún secreto, como ramplona suele ser la forma de trasladar cualquier experiencia vital al ámbito del videojuego. En Los Sims o cualquier otro simulador de vida análogo, vivimos un arco completo de existencia en unas pocas horas. Si llevamos esta concreción hasta el extremo nos quedará algo como Life is a Game, un pequeño videojuego para Android en el que podemos definir nuestro destino y comprobar el resultado de las decisiones tomadas durante nuestra vida a través de un simple minijuego. En algo menos de cinco minutos, y controlando al protagonista como si de un despreocupado juego tipo runner se tratase, iremos de la cuna a la tumba tras haber vivido una existencia apresurada que, para colmo de males, puede finalizar prematuramente de forma abrupta. Como la vida misma.

A lo largo de la carrera iremos topándonos con una serie de “momentos bisagra” que irán definiendo nuestro porvenir. ¿fuimos traviesos de pequeños? ¿nos aficionamos a la pintura? ¿nos echamos a fumar?  Cada pocos segundos, nuestro personaje irá cambiando físicamente mientras atraviesa pasajes de su existencia. Del cole a la universidad, y de ahí a trabajar. Te compras un coche, te casas, tienes hijos, sigues trabajando, te jubilas, lees un poco para no aburrirte durante el ocaso y te vas derechito a la tumba.

Lo escalofriante de todo esto no es el hecho de definir con gordos brochazos un proceso tan complejo como el de la madurez y el envejecimiento, sino que por ver desde la barrera lo insignificantes y anodinos que resultan estos ciclos vitales tan estereotipados, nos entre un vértigo tremendo al sentirnos dentro de ese árduo camino hacia ninguna parte. Cuanto más caricaturesca se pinta la vida, mejor se digiere todo lo injusto de la misma, sobre todo si nos pasamos media vida corriendo hacia delante intentando saltar para esquivar los problemas sin ver más allá de lo que tenemos ante nuestras narices. Si este juego tan bobo para móviles ha sido capaz de estremecerme un poquito por mirar a ese precipicio, ya ha hecho mucho más que cualquier otra obra grandilocuente que lo intente de forma premeditada.

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