Parece mentira, pero WhatsApp lleva con nosotros ya una década. Si nos ponemos precisos, su cliente oficial para Android no estuvo disponible hasta 2010, estando su expansión y reconocimiento totalmente asociado al sistema operativo de Google. En el blog oficial de la compañía han realizado una interesante infografía que recopila hitos más relevantes de cada año, pero quizás no son los que mejor han definido el devenir de la aplicación. Durante todo este tiempo hemos seguido el desarrollo del servicio de mensajería más usado del mundo, siendo prácticamente desde sus comienzos una de las apps más descargadas a través de Uptodown. Recordemos algunas de sus polémicas.

WhatsApp llegó a ser de pago

En febrero de 2013 comenzó a correr el rumor de que WhatsApp pasaría a ser una herramienta de pago, cosa que se materializó pocos días después con el anuncio de que se requeriría un pago anual de 0.86€ tanto para los usuarios de Android como iOS. Los usuarios de la plataforma de Apple no tuvieron demasiados reparos a la hora de aceptarlo, pero en Android, servicio en el que la adquisición de apps de pago es cuanto menos testimonial, las cosas fueron bastante más ásperas. Tanto es así que tres años después se eliminó esta característica. Suponemos que Facebook, ya propietaria de la compañía por aquel entonces, tuvo bastante que ver.

El fenómeno WhatsApp Plus

Desde los tiempos de MSN Messenger, o yendo más atrás, de aquellos clientes visuales de IRC, los usuarios de herramientas de mensajería siempre han ansiado los skins y modificaciones en la interfaz para sentirse “únicos”. Esto se materializó en la aparición de varios clientes no oficiales alternativos entre los que destacó muy por encima WhatsApp Plus, que permitía cambiar el estilo de las ventanas y realizar modificaciones menores en la forma de visualizar las conversaciones. A efectos de seguridad y funcionalidades, era prácticamente igual que la original.

A WhatsApp no le hizo esto especial gracia, sobre todo dada la proliferación de clientes no tan inofensivos como el llamado WhatsApp Gold o la aplicación WhatsApp Spy, todo un entramado estafas que acababan suscribiéndonos a servicios SMS Premium o haciéndonos caer en las redes del pishing. Tanto es así, que en enero de 2015 WhatsApp comenzó a banear a los usuarios que utilizaban WhatsApp Plus, amén de contactar con el creador de esta para que la eliminara de los servicios. Es más, en Uptodown también nos vimos obligados a eliminar la aplicación a petición explícita vía DMCA. Como epílogo, mencionar que su autor Rafalense creó posteriormente un cliente alternativo de Telegram, esta vez totalmente dentro de la legalidad, que más tarde rebautizaría como Plus Messenger y el cuál sigue gozando de buena salud.

El auge de Telegram y las caídas de WhatsApp

Uno de los problemas más acusados de WhatsApp a lo largo de sus años de vida ha sido siempre la proliferación de caídas a nivel mundial de su servicio en distintas áreas geográficas, llegando a momentos tan comprometidos como la caída de casi dos horas en nochevieja de 2017. Esto ha supuesto siempre un filón entre sus competidores, siendo Telegram el que mejor ha sabido resistir los envites de la industria y mejores resultados les ha dado los problemas de su rival. En febrero de 2014, una importante caída en WhatsApp hizo que sumaran cinco millones de registros en las horas siguientes.

Creada en 2013 por los ya mediáticos hermanos Dúrov, éstos han sabido aprovecharse de la fama acusando constantemente a WhatsApp de copiar vilmente todas las funcionalidades que éstos añadían a Telegram, lo cual, a tenor del historial de añadidos a la aplicación, puede considerarse prácticamente cierto. El problema viene cuando Telegram fue desarrollada pensando en la seguridad desde sus raíces, cosa que WhatsApp ha tenido que enmendar con el paso de los años, entroncando con el siguiente punto.

Los problemas de seguridad

Que una aplicación sea la más utilizada en su categoría no tiene ni mucho menos que significar que sea la mejor. En todos estos años de vida, WhatsApp se ha visto envuelto en no pocas polémicas relacionadas con la seguridad de su servicio. Ya en 2014, dos expertos en ciberseguridad demostraron que era posible cambiar el remitente de un mensaje, por no hablar de otro exploit que permitía leer conversaciones ajenas, vulnerabilidades graves en WhatsApp Web o triquiñuelas para bloquear la aplicación enviando una cadena de emojis.

Con este panorama, WhatsApp no tuvo más remedio que ponerse las pilas con el sistema de encriptación extremo a extremo en el que decían estar trabajando desde tiempos inmemoriales, pero que no se hizo efectivo hasta 2016.

Facebook compró WhatsApp

En 2014 sucedió lo impensable, que el gigante Facebook se hiciera con el servicio de mensajería más importante del mundo. 16.000 millones de dólares, 4.000 en efectivo y el resto en acciones es el montante que el emporio de Mark Zuckerberg decidió desembolsar para asegurarse parte de su futuro.

Desde entonces, y más allá de las funcionalidades añadidas al cliente, el modelo de negocio sigue dando tumbos en busca de una salida que preserve el futuro de la compañía. Tras el descafeinado lanzamiento de WhatsApp Busioness, parece que el único método de monetización es mostrando publicidad en los chats. A partir de este 2019 comenzaremos a verlo. ¿Correrá la misma suerte que la suscripción anual? El pueblo hablará.

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