La vida es eso que pasa mientras haces swipe en tu smartphone. Un día estás despidiéndote del instituto y al siguiente estás al borde de la jubilación esperando cola en la consulta de la seguridad social por problemas de próstata. InstLife del estudio InstCoffee es consciente de lo efímera que resulta nuestra existencia, trasladando esta experiencia vital a una pequeña aplicación que nos propone vivir otras vidas a toda velocidad con una duración de escasos cinco minutos. Simplemente tenemos que tomar unas cuantas decisiones relevantes y comprobar hacia dónde nos lleva el destino.

La parquedad del juego -si es que se le puede llamar así- tan solo nos concede un mínimo sistema de menús orbitando alreedor de un timeline en el que podemos hacer avanzar cada año completo con tan solo pulsar un botón. En cualquier punto de nuestra fugaz existencia podemos ir decidiendo cómo plantear nuestra vida: desde eventos definitorios como ir a la universidad o comprar un piso hasta tareas más efímeras como salir de fiesta una noche o darle un par de caladas a un cigarrito de la risa. Todas estas decisiones nos permitirán alcanzar la plenitud o abandonarnos a nuestra suerte en una injusta mezcla de karma, azar y fruto de nuestro sudor. Al final todo confluirá irremediablemente en una pequeña tabla de puntuación con un epitafio y una breve despedida de los familiares más cercanos que hayamos cultivado. Como la vida misma.

InstLife es tan anodino como interesante. En una de mis partidas decidí intentar ser un buen ciudadano, sacarme la carrera, comprar una bonita casa, casarme y tener hijos… pero una depresión temprana truncó mi matrimonio y acabé durmiendo en la calle hasta que el frio me consumió. En otra decidí ser un bohemio pintor sin oficio ni beneficio que a los 35 decidió emigrar a La India… para acabar desangrado en una valla electrificada por intentar entrar en el país de forma ilegal.

InstLife es un «juego» para Android que se aleja de los estándares de lo que alguien consideraría divertido, acercándonos una visión totalmente insensible y distante de la propia existencia mientras nos recuerda que el partido puede terminar en cualquier momento. En Rick & Morty también plantearon algo parecido con similares resultados e igual punzadita en el corazón. Simular existencias pasajeras solo acrecenta nuestro propio vacío y nos hace trivializar vivencias que, al fin y al cabo, componen el big picture de la marca que dejamos en el mundo, aunque bien mirado, una de esas vivencias es precisamente la simulación de vivencias gracias a los entornos digitales que tanto consumimos por estos lares. No somos nadie.

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