El síndrome del folio en blanco es el mal endémico del escritor contemporáneo, quien con el tiempo ha cambiando la máquina de escribir y el cenicero atiborrado de colillas por el iMac y los bonsais. Las nuevas tecnologías a la hora de desempeñar tareas artísticas son un arma de doble filo, ya que, si bien tenemos cualquier dato al alcance de un par de clics, la distracción y divagación puede transformar lo que podría ser un nuevo referente de la literatura contemporánea en una tarde más revisando Twitter y buscando caras en el gotelé de la pared. Para evitarlo, aquí van unas cuantas herramientas para mejorar nuestra eficiencia y concentración a la hora de escribir y esquematizar nuestras publicaciones.

Editores de texto

Ponerse a escribir con una versión moderna de Microsoft Word es lo más parecido a sentarse en el sillón de mando de la Enterprise: la cantidad de herramientas integradas, botoncitos y palanquitas de la interfaz están de más cuando lo único que necesitamos es escribir texto plano. Para evitar distracciones existen varios editores de texto minimalistas que ofrecen el mínimo de información en pantalla. Bastante tenemos ya con las interrupciones de Mundo Real ™.

WriteMonkey es posiblemente el mejor en su campo. Su interfaz por defecto se ejecuta en pantalla completa, y no veremos ni un solo menú hasta que hagamos clic derecho con el ratón, donde se desplegarán las muchas opciones que tiene ocultas el programa; herramientas integradas que van desde la categorización e indización de textos largos hasta autocorrectores y detectores sintácticos, amén de prácticamente cualquier cambio relacionado con el formato que queramos hacer.

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De todas formas, WriteMonkey no es la única opción que tenemos disponible. OmmWriter es uno de los primeros que aparecieron en este ámbito y que recuerda en su apariencia al anterior; o FocusWriter, que permite incluso personalizar con imágenes el fondo de nuestro espacio de trabajo.

Los editores mencionados son de propósito general, pero existen algunos enfocados exclusivamente a la realización de obras literarias como es el caso del icónico yWriter, que permite esquematizar nuestros escritos por escenas, personajes y localizaciones, pudiendo especificar el progreso que llevamos en cada una de las partes junto a su extensión, almacenándose en archivos independientes. Bueno, y luego está George R. Martin, que sigue escribiendo sus libros de Canción de Hielo y Fuego en un editor  de texto para MS-DOS.

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Creación de mapas conceptuales

Hay autómatas de la escritura capaces de sacar cien páginas en una semana sin planificación previa alguna como el amigo Stephen King, que escribió El Fugitivo (304 paginazas) en tres noches y borracho perdido. Para el resto de mortales es necesaria una estructuración de los contenidos que queremos desarrollar, y para ello, nada mejor que utilizar mapas conceptuales.

La representación gráfica de ideas modulares y memoria visual son una importante para no volvernos majaras cuando somos demasiado ambiciosos a la hora de plantear un proyecto literario. Los post-it “físicos” (resulta muy duro realizar este tipo de puntualizaciones) siguen siendo usados en determinados ámbitos. El equipo de guionistas de Breaking Bad, con Vince Guillian a la cabeza, se metía durante horas en una habitación alrededor de enormes paneles de corcho donde planificaban con papelitos el contenido de cada uno de los capítulos de cada temporada.

FreeMind y CMapTools son dos de las mejores herramientas que podemos encontrar para este propósito al ser gratuitas y estar disponibles en varias plataformas. La esquematización mediante flechas, burbujas y listados jerárquicos inacabables puede parecer soporífera, y de hecho lo es, pero a la larga puede mejorar sustancialmente nuestros resultados.

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Almacenamiento de información

Las ideas no surgen en la cabeza por combustión espontánea, por lo que, recuperando la idea sobre esa dualidad de Internet como elemento de distracción e inspiración, es buena idea que el filtrado de todo lo que absorbemos a diario en la red quede resguardado y no se pierda. O lo que es lo mismo, atiborrar los favoritos del navegador con subcarpetas dentro de subcarpetas llenas de URLs allende los mares no es buena idea.

Hace poco precisamente realizamos una comparativa con los servicios para tomar notas y catalogarlas más utilizados; estos son, Evernote, OneNote y Google Keep. En el caso que nos ocupa, la primera opción es la más acertada gracias a su sistema de organización mediante notas y etiquetas así como la facilidad para capturar contenidos de la red utilizando la extensión de navegador Web Clipper.

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El compañero ideal de Evernote es Pocket, que permite guardar páginas localmente para su lectura posterior que además se sincronizan con nuestra cuenta y por ende con todos los dispositivos donde tengamos instalada la aplicación. A efectos prácticos es un muro de contención para que no se nos llene de porquería el propio Evernote; porque claro, una cosa es utilizar buenas herramientas para resultar más productivo y otra bien distinta saber utilizarlas correctamente. Y no, tampoco es buena idea pasar el invierno en un resort vacacional alpino junto a la familia para inspirarse. ¡Feliz escritura!

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4 Comentarios

  1. ay qué bueno! echaré un ojo a ese WriteMonkey!

    precisamente el verano pasado, en un intento por vencer la batalla contra la desidia y las distracciones
    me instalé un dosbox + word 5 on the rocks, pero me gustaría algo un poco menos dañino para la vista

    graccie monsieur Rosso!

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